Todos queremos llegar a la cima ¿Pero a cuesta de qué? Todos alguna vez soñamos
con ser exitosos en esta vida, tener mucho dinero, una gran casa con
piscina y un auto que nos lleve a nuestro trabajo por las mañanas, o
mejor aún, un auto con un chofer que nos lleve a nuestro trabajo por
las mañanas. Las listas de deseos son interminables y distintas a la de otros. Y cuando llegamos al punto máximo, allí donde sentimos que podemos tocar el cielo con las manos, entonces, esbozamos una amplia sonrisa porque todo el mundo es nuestro. Y por un momento sentimos felicidad,
pero no tenemos a alguien para pedirle que nos pellizque y nos diga
que no es un sueño, que es la realidad. Entonces ¿De qué sirve alcanzar
la cima si no tenemos a nadie que comparta nuestra dicha? Es como la
frase "La competencia es larga y, al final, sólo compites contra ti
mismo" porque te quedas sólo cuando quieres todo para ti y descubres
que eso no era lo que querias al final o que si lo querías pero no de
esa forma, no estando sólo. Lo mejor de conseguir nuestros objetivos es
que al terminar podemos decir que en el camino, nunca estubimos solos.
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